Volveré a Cádiz, lo sé, o eso pero. No te has ido de allí y ya quieres volver. Quizás porque encuentro muchos contrastes respecto al lugar donde habito, la fría y extensa meseta castellana. En Cádiz encuentras sosiego, ese que te transmite el infinito mar, en calma, o con ese viento de Levante que te golpea, te despeina y te renueva.
12 días allí dan de sí, nunca la suficiente pero te empapas de ese aire gaditano. La casa donde nos alojamos estaba en la barriada Río de San Pedro, de Puerto Real, pero a un suspiro de Cádiz, era cruzar la bahía y ya se veía el mar y la avenida que te conduce al centro de la ciudad. La capital es para pasear con el bullicio del día y la magia que aporta la noche. Calles estrechas y milenarias, para perderse y no dejar de caminar por ellas. Siempre huele a carnaval, a chirigotas,... a mar.
| Catedral de Cádiz |
La plaza de la Catedral, la del Ayuntamiento, la de las flores,... pasar por ellas una y otra vez y no te cansas. Entre otros rincones. Sentarse en una terraza, pedir pescaito, mi debilidad por las tortillitas de camarones, el cazón en adobo, los chocos, los boquerones...las delicias de ese mar tan cercano. Y en tan buena compañia.
| Chocos gaditanos |
| Tortillitas de camarones |
Tiene encanto cenar en una terraza pero no vivimos tiempos de derroche y una buena opción es comprar los productos frescos en el mercado central de Cádiz. A buenos precios y sin duda, una calidad que no encontramos en nuestros lares. Allí respiras el ambiente que desprenden los puestos, los productos, el bullicio,... y te dejas llevar. Boquerones, choco, gambas, gambones, cazón, almejas... fueron algunos de los productos que nos llevamos a casa en varias ocasiones para cocinarlos como ingredientes de una paella, acompañados de una salsa o fritos sin más. Incluso nos atrevimos a preparar el cazón en adobo. En el mercado te venden las especias que necesitas para preparar el adobo. Y nos pusimos a ello. Bañamos las rodajas de cazón en un vaso de vinagre blanco y agua junto al adobo y lo dejamos reposar unas nueve horas. El resultado fue óptimo, para ser la primera vez, por lo menos saboreamos ese sabor característico del adobo.
| Mercado Central de Cádiz |
Y siguiendo con la gastronomía. Si visitas Cádiz, acércate al Puerto de Santa María y vete al Romerijo (freiduría y marisquería), puedes elegir. En nuestro caso fuimos a la freiduría. Lo mejor es comprar los cucuruchos de los productos que quieras en la zona de venta y o bien te lo llevas a casa o lo puedes comer allí en las mesas pidiendo la bebida. Así es más económico que si lo pides directamente en la mesa. Nosotros nos lo llevamos a casa.
| En el Romerijo (Puerto de Santa María) |
| Romerijo en casa |
Y ya que estás en el Puerto de Santa María, justo en frente del Romerijo verás varios puestos de patatas fritas artesanales que te las dan calentitas en un cucurucho de papel a uno, dos y tres euros, según la cantidad. Están buenísimas, puedes acompañarlas con sal o ajo para los más arriesgados. Y detrás de dicha avenida hay un aparcamiento municipal que la primera hora de estancia no cuesta nada.
| Playa de Cortadura |
Respecto a las playas. No conocí muchas la verdad. El primer día estuvimos en el último tramo de La Victoria, la playa de Cádiz ciudad junto a La Caleta. Pero el resto de día nos decantamos por la de Cortadura, una extensión de La Víctoria. En su primer tramo encuentras todas las comodidades: baños, duchas externas e internas, guardarropa, botiquín...y una gran zona de aparcamiento. Tengo que decir que como hemos ido en septiembre, aparcábamos como quien dice a la puerta del acceso principal a la playa. Nuestra primera semana fue de viento de Levante y ni siquiera extendíamos la toalla porque se enterraba de arena en cuestión de segundos. Lo mejor en esos días estar en el agua o pasear por la orilla. Los niños son los que peor lo pasan porque cuando construyen sus castillos se llenan sus ojos de arena. La arena te golpea en el cuerpo, a veces te hace daño, y la bandera ondeaba esas jornadas de color amarillo.
Descubrir la playa sin aire de Levante fue todo un descubrimiento, de dos días, pero nos permitió comer en la playa y desplegar la toalla sobre la arena. El color de la bandera pasó al verde y se disfrutó más.
Continuará...
